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sábado, 22 de febrero de 2020

1993-1997: Superman en historietas

Llegó el momento de hablar del Superman de los comics. Aunque estoy seguro haber leído aquellas historietas de inicios de los ochenta que publicaba Editorial Novaro, no me enganché como sucedio con Karmatrón Y Los Transformables.

http://www.bauldelcomic.com

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Indudablemente Superman fue el primero de mis héroes favoritos, quizá porque a inicios de los 80 aún dominaba en los medios, con tres películas, caricaturas, un chorro de productos y luego los comics. Pero además tenía en común con el Hombre Araña y el Capitán América la paleta de colores en su disfraz, que yo imagino no era coincidencia.



Pese a ello, fue hasta 1993 que me volví seguidor por un tiempo de las historias de Superman, todo gracias al serial La muerte de Supermán, que coincidía por esos tiempos con la muerte de Novedades Editores y la cancelación de las dos revistas del Asombroso Hombre Araña.


La muerte de Superman, publicado en México por Editorial Vid (que así iniciaba con la tradición de publicar sagas de comics en tomos), fue una excelente historia de la que me había enterado antes en los medios y que quise conocer durante los tiempos de "bonanza" económica.


La idea de que uno de los personajes de historieta más poderosos de todos los tiempos pudiera morir me atrajo a la edad en que dejamos un poco de lado historias más predecibles, en donde el héroe siempre gana. Y es que de verdad, mientras avanzaba en la lectura de LMDS de verdad se sentía la tensión y la sensación de impotencia al ver cómo Doomsday va derribando sin problemas a cada héroe DC.
Y luego a Superman...

Excelente arte, cortesía de Dan Jurgens.
LMDS fue la razón por la que  comencé a comprar comics DC durante un tiempo. Inmediatamente después de LMDS llegó El reino de los Supermanes con un concepto interesante y temáticas igual de densas, como la destrucción de una ciudad entera (no recuerdo cuál) y el surgimiento de remplazos de Superman

Sin embargo, y a pesar de que esas cuatro ediciones tenían una portada muy padre, las historias no me engancharon tanto. Lo que no recuerdo bien es cómo alcancé a conseguir estas tarjetas coleccionables de The Return of Superman. Quizá son más bien una contribución de mi esposa.






De hecho, mientras hacía esta entrada, encontré dos tomos más que tuve y que había olvidado: El mundo sin Superman y El regreso de Superman.






Lo que seguía era la debacle económica e historias menos interesantes, desde mi punto de vista. En Cazador / Presa, Doomsday vuelve a enfrentar a Superman pero esta vez sin terminar en tragedia. Luego, una historia en que Lois Lane acaba ella sola con toda una isla de criminales (¿La Búsqueda de Lois Lane?)



Ya para este punto, muchas veces los comics que leía eran prestados. Así me llegó a las manos la única saga que lamento no haber podido leer completa en su momento: Kingdom Come / La llegada del reino.  

Aquí, según recuerdo, Superman está retirado después de la muerte de Lois Lane (es un comic DC ELSEWORLDS) y el mundo está en caos. A pesar de que Superman regresa para apoyar, la victoria del bando de los héroes recae en el sacrificio muy bien argumentado de otro héroe (no daré spoilers). 

¿O sí?
Además de la estupenda historia, el dibujo hacía homenaje al estilo clásico de inicios de DC

Superman es un personaje de 82 años de existencia, pero es el Superman de los comics de los 90 el único que ha logrado interesarme. Aunque ya no consumo comics, ya veremos qué le depara a este personaje DC. ¿Quizá por fin una buena película?

domingo, 26 de enero de 2020

1989: Las computadoras de los 80

La cultura de los 80 no podría estar completa sin una visión idealista de lo que la tecnología computarizada deparaba para el futuro de la humanidad. Me costaría trabajo mencionar todos aquellos ejemplos de ficción, televisivos o impresos, en los que recuerdo que las computadoras jugaban un papel como la gran maravilla tecnológica del siglo XX.


Y ni qué decir sobre cómo nos hacían caer en los engaños de sus alcances exagerados exaltados en las series televisivas o en las películas del momento, engaños que sin embargo nos hacían añorar esa realidad. 


Las compus de los 80 le permitían a un niño genio infiltrarse en los equipos más sofisticados del pentágono y casi desatar la Tercera Guerra Mundial (War Games, 1983) y a un grupo de nerds les cumplía el sueño de crear vida inteligente (Automan, 1983-1984; Weird Science, 1985).


 

Mi experiencia con las computadoras, por otro lado, no tuvo el mismo glamour, pero sí un gran impacto para mí. Y es que en 1989, cuando ya había elegido la electricidad como taller en mi secundaria para cucarachos, la dirección de la escuela inició la primera generación del taller de cómputo en el mundo… bueno, en mi colonia en Neza, y no pensé dos veces la oferta. Aquí un vistazo al cómputo de ese año en la fabulosa Neza.
 
Todo el equipo era de un color cremita o gris horrible. La mayoría de los equipos que usábamos eran de la marca IBM (aunque recuerdo también haber visto etiquetas de Printaform) constaba de CPU, monitor y teclado. 

¡Eran feas!
No existían los ratones. Al menos no en mi pedazo de Neza. 

Los monitores eran monocromáticos. Recuerdo que el fondo podía ser negro o de un tono verdoso, mientras que el texto podía ser blanco, verde o incluso amarillo.

¡Chulada de amarillo!
El Sistema operativo era DOS. Recuerdo que en la escuela nos enseñaban a encender las compus, y que había un orden: primero se encendía el monitor, y luego el CPU… ¿o era al revés? Además, se tenía que encender con el disco de sistema operativo para que pudieras interactuar con la compu.
 
¡A años luz de los mega, giga y tera bytes!

Y hablando de discos, durante un par de años habré usado los llamados disquetes flexibles de 5 ¼. Desde entonces y hasta finales de los noventa (ya con disquetes 3 1/2, la marca que solía usar era Verbatim.

¡Ni siquiera recuerdo qué capacidad de almacenamiento tenían!
¿Y qué hacíamos con esas joyas de las cavernas? Bueno, además de aprender a encenderlas en el orden correcto, recuerdo muy poco. A formatear los discos, a consultar los contenidos de los discos, esa parte se me nubla un tanto. Pero lo que sí recuerdo mucho era que llegamos a trabajar con un lenguaje de programación llamado LOGO y que me encantaba, aunque no logré explotarlo mucho. 
No recuerdo haber logrado nada cercano a esta hazaña.
LOGO era un lenguaje de programación que se usaba para enseñar a los jóvenes a entender la lógica de la programación. Algo así como lo es Scratch hoy en día. El programita consistía en dar instrucciones para que un puntero dibujara una línea. Con distintos comandos se hacía que el puntero hiciera giros para después trazar líneas en ángulos. El chiste es que solíamos intentar hacer dibujitos. LOGO funcionaba más o menos así:



Para terminar también recuerdo un juego de maratón, en el que el tablero era un camino hecho con la repetición de algún símbolo en una disposición rectangular. Quizá lo jugábamos cuando los profes no querían dar clase.
 
Como ven, estamos hablando de una etapa apenas creíble de la computación, difícil de imaginar cuando vemos en lo que se ha convertido hoy en día. En los años 90 todavía alcancé a sentir una emoción similar respecto a las posibilidades de las computadoras, pero esa etapa quizá sea tema para otra entrada.

martes, 31 de diciembre de 2019

1990: Enigma: MCMXC a.D.


En esta corta entrada los invito a recordar un proyecto musical nacido a la par de la decada noventera y con una propuesta nunca antes vista. En una época en que la internet estaba lejos de quitarnos la capacidad de asombro, las bandas AM y FM se comenzaron a saturar con el tema Sadeness (Part I), tema que nos enganchó a un "nuevo género musical" que así irrumpía en la radio comercial. 

Monjes...
Enigma está catalogado como un proyecto musical de New Age fundado por Michael Cretu, quien con su primer grupo de músicos lanzó a finales de 1990 su primer album titulado MCMXC a. D. Este fue quizá mi primer contacto con la música New Age. Y vaya primer contacto. 
y cruces.
  Su canción insignia Sadeness me presentó una instrumentación y un ritmo que fueron novedades para mí, pero además, y en especial, a todo mundo nos agarró en curva con la introducción de coros de inglesia (gregorianos, me enteré después) como acompañamiento, mismos que le daban un aura de misterio.
Aquí nomás, grabando el album.
Luego, ya con la liberación de otros temas del album, como The Principles Of Lust y Mea Culpa, nos fuimos dando cuenta (aunque algo intuíamos) que además de los motivos sacros, sus canciones tenían también una carga de temas sexuales.
   
De hecho, según me entero, para promocionar su éxito Sadeness en algunos países (creo que México incluido) decidieron cambiarle el nombre a Sadness, para eliminar del título el tema central de la canción, que es porsupuesto cierto marqués francés bastante pasadito de lanza.
 
Un monje con censura.

Mi gusto por este primer album de Enigma me llevó a comprarlo en cassette y después a rentarlo en CD (para copiarmelo en cassette). De nuevo, a años de la explosión del internet, no podíamos saber qué más estaba haciendo Enigma y en la radio dejó de tocarse su música de forma regular. No fue sino hasta 1994, con la fabulosa Return To Innocence (ya sin coros gregorianos), que recordé que existía este proyecto. 
   
Y luego, en 1997, el proyecto ERA quiso emular, a mi parecer sin éxito, los grandes hits del MCMXC a. D. de Enigma. Con su canción Ameno, ERA traía de vuelta los cantos gregorianos al New Age, y luego en el 2000 regresaba con una calca llamada Divano.

Lo único bueno de aquellos intentos poco originales era que nos remitían siempre al inicio con Enigma y nos hacían apreciarlo aún más.

Bueno, ERA también nos dejó un buen meme. 
 
Yo creo que será muy difícil que esta tendencia se vuelva a repetir y por ello que alguien le quite su lugar a Enigma en la historia de nuestros 90.

viernes, 13 de diciembre de 2019

1980s-90s: Los sonideros

Sobre la cultura del bailongo callejero tengo poca, muy poca experiencia directa, puesto que me tocó  vivir la era de los sonideros de chamaquillo. Al respecto mis hermanos mayores tendrán quizá algo más que decir, aunque no sé cuánto.


Y es que lo qué sí recuerdo, además del ruidazo que se alcanzaba nuestro pequeño departamento del número 110 en Ciudad Neza, era que mi madre le tenía un gran temor a estos eventos pues eran los días de las bandas callejeras de los 80 y era común que irrumpieran a marcar su territorio. 


Por ello, estoy seguro que debió ser muy difícil arrancarle un permiso para asistir a una tocada. Sobre la bandas de Neza en los 80, aquí hay un excelente arículo al respecto.

Recuerdo también que las calles se tapizaban con la publicidad en carteles bicolores de los siguientes eventos en el área. En especial se llenaban de estos carteles los grandes muros de los baños Texcoco y del Cine Nezahualcóyotl, pero además a cada poste de luz y a cada barda de un terreno baldío le tocaba los suyo.



De hecho, recuerdo que me llamaba la atención esos carteles pues siempre tenían un arte interesante, futurista en muchos casos. Si entonces no había internet para piratearse algún diseño, ¿de dónde salían estas ideas? Aquí les ejo un artículo sobre un ilustrador encargado de darle una imagen visual al High Energy.







Desde los noventa, asocio más a los eventos de sonideros con la música tropical, ya que la mayoría de los cuates de secundaria que le daban al zapateado eran salseros o cumbieros. Había algunos que cruzaban de género por irse a bailar o a ligar, como el Changuito, que comenzó roquero y asiduo asistente a eventos del sonido Carita JC; pero que, al puro estilo Jacinto Metalero, terminó yendo a tocadas más tropicales y gruperas, quizá más del tipo del sonido La Changa

Por cierto, había melodías de cajón según el género, y una de las constantes en los toquines de rock era The Break Up Song.



A algunos otros compañeros de secundaria les encantaba dibujar los logotipos de los sonideros, y en especial recuerdo a alguien dándole forma al logo de Polymarchs en pluma BIC. Vagamente recuerdo a otro que en el taller de electricidad de la Técnica 5 delineó con foquitos led el logo de algún otro sonido de la época empotrado en la caja de un tráiler de juguete.

El único contacto intencional (muy indirecto) que tuve con la cultura de los sonideros fue además el último. Animado por el Changuito en otra de sus mutaciones, me compré un casette del sonido Patrick Miller de pura música que él llamaba “jáyiyer ni”, o sea High Energy.

Como es patente, no viví la época ochentera de los sonideros más que de rebote, aunque, si tuviera que rescatar algo de ella, sería el gusto por la música High Energy de aquellos tiempos, que se escuchaba si por alguna razón me sacaban a caminar cerca de algún evento en los barrios de Neza. Quizá la rola que más me hace identificar esta cultura ochentera y noventera es Living On Video.