Para nuestra generación la lucha libre fue desde chamacos una experiencia inescapable , aunque de mi parte el primer contacto es escurridizo. Lo más seguro es que haya sido con una de esas viejas ‘películas del Santo’ (categoría oficial del género), en donde el luchador más popular entre la multitudes se convertía en superhéroe cazamonstruos.
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| Villanos clásicos y derivados. |
Los mismo le aplicaba llaves a las momias de Guanajuato que al hombre lobo. El catálogo de malhechores fantásticos era amplio. La verdad es que hasta los cinco años sí que daban miedo aquellas películas, especialmente por la mala calidad de los disfraces, que le daban un aspecto más grotesco a los ya de por sí monstruos.
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| Aventuras en el museo de cera. |
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| ¡Éste a lo mejor ni disfrazado estaba! |
Y los efectos... Bueno... Era cosa común hablar de los ‘hilitos’ que se notaban cuando drácula revoloteaba convertido en murciélago.
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| ¡Efectazo! |
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| ¡Del pancrasio al cine! |
Lo que sí fue parte de mis herramientas de trabajo de niño fueron aquellas figuritas clásicas de luchadores con las brazos extrañamente en una de las posiciones menos amenazantes de cualquier arte marcial. En este video hay un poco de historia, aunque más que entrevista parece interrogatorio. Seguramente tuve uno y otro de esos luchadores de plástico que me gustaba morder (parte de mi método de trabajo), y uno que otro ring que se rompía nomás porque me sentaba en ellos.
Máscaras, pocas. Aquellas que podíamos comprar en algún puesto de tianguis tenían costuras que se sentían como púas de alambre. Cuando entrabas al ring imaginario ya llegabas noqueado. Durante el corto tiempo que fui fan, ese fue el atractivo principal para mí. De ellas, al menos en estampas, las que más me llamaban la atención eran la de El Rayo de Jalisco, y la de Pierrot. Pero mi favorita indiscutible era la de Tinieblas, un luchador que tiene reservada una futura mención en este blog.
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| Buena máscara. |
Luego estaban claro las estampas de planillas y los álbumes de estampas. Esas planillas que comprabas en los puestos de chácharas de los que ya hablamos en este blog, y que al llenarse te garantizaban un premio en forma de juguete, o algo así.
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| Yo creo que muchos de estos ni existían. |
El único álbum que recuerdo se adquirió por iniciativa de alguno de mis hermanos, y como no podía ser de otra manera, había una estampa que me quitaba el sueño y que era la de El Espectro. Y es que ya de por sí la máscara estaba fea, pero además el dibujo era fatal y los dientes se veían más de ultratumba de lo que el nombre evocaba.
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| Encuentre a El Espectro bajo su propio riesgo. |
También en aquellos tempranos 80 se escuchaba mucho la canción Los Luchadores, que como toda cumbia pegajosa, simplemente no pasa de moda.
Creo que a finales de los 80 e inicios de los 90, en plena fiebre Marvelita, quise darle chance a la lucha libre y, como ya he mencionado, habré comprado do o tres Sensacional de Lucha o me chutaba una que otra transmisión en el Canal 9, que ya había abdicado el puesto de canal cultural y transmitía contenidos más populares heredados de Canal 4.
Y fue la ‘famosa’ pelea de Konnan contra no sé quién la que terminó desencantándome definitivamente, al grado de que llevó más 30 años de divorcio sin posibilidad de reconciliación.
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| De los pocos que tenían físico a la gringa en los 90s. |
A ver, cómo lo explico. Nada, que el desconocido aquel tumba a Konnan no sé cómo, y el tal Konnan queda inconsciente, y de pronto llegan los parámedicos a darle atención, le buscan el pulso, se ponen con torpeza el estetoscopio para escucharle el corazón, sacan un desfibrilador, buscan sin éxito el encendido de la maquinita, la manosean, la frotan para preparar la descarga, no le dan ni un toquecito al Konnan... intentan su mejor cara de angustia...
Es que es recordarlo y ponerse de malas. ¡Cómo los dejan entrar al show sin ensayar sus partes! Y es que gracias a Lisa Simpson ya sabía que de eso se trataba, de hacer espectáculo para pasar el rato, ¡pero no hay que ser!
Yo la escena la recuerdo así. No hace falta decir quiénes serían los paramédicos.
Los culpo a ellos de ya no haber tenido ganas de siquiera darle chance a Octagón, que era un concepto de luchador más cercano a mi ideal: artemarcialista rápido con disfraz de ninja a la mexicana.
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| Lo más cercano a los chinos artemarcialistas de las películas. |
Pues eso, que no me atrae, aunque la cultura pop alrededor de la tradicional lucha libre mexicana sea de exportación. Quizá lo mío es disfrutar esta ficción a través de algo a más de mi edad. Como la caricatura Mucha Lucha!, de inicios de los 2000s, que además tiene un temazo de entrada.
Aunque para entonces el trabajo en la uni no me dejaba mucho tiempo para la tele. Era rara la oportunidad que tenía de ver algún capítulo completo, pero yo creo que valía la pena. Si este blog correspondiera a esa década, me daría más tiempo para hablar de La Pulga, o de El Rey, con su fantásticas voces, pero eso ya le toca a los 'chavos' de la siguiente generación.
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| Un favorito. |
Pero para quitarle el tono amargoso a esta entrada, hay que reconocer que los luchadores sí que se juegan la salud y hasta la vida por hacer de este espectáculo algo vistoso. Y no me desagrada la idea de que sigan siendo la cara de buenos proyectos, como el del video juego Guacamelee!, que está cotorrísimo. Nos leemos pronto.




































