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domingo, 23 de agosto de 2026

80s-2000s: The Smiths en el cine contemporáneo

Una contribución más de J.C.
 
Habiendo editado únicamente cuatro álbumes de estudio y algunos sencillos aislados, The Smiths son un referente fundamental de la música independiente de los años ochenta en el Reino Unido y el mundo debido a su peculiar sonido que contrasta el dinamismo de la guitarra de Johnny Marr con la melancolía de las letras de Morrissey.

En diversas historias contemporáneas, la música de The Smiths ha sido retomada, particularmente, para enfatizar la atipicidad, la inusualidad, y hasta, el excentricismo y la rareza de ciertos personajes que, a diferencia de la mayoría, conocen y gustan de las canciones de la banda.

En la película (500) días con ella (500 Days Of Summer, 2009) ambos protagonistas son entusiastas de The Smiths. En una escena, Tom y Summer suben al elevador, y ella, al oír que él está escuchando There Is A Light That Never Goes Out en sus audífonos, le dice que le encantan The Smiths y que tiene un buen gusto musical. Summer incluso canta parte de la canción y Tom queda cautivado a la vez que ella baja del elevador.

En otra escena, Tom reproduce el tema Please, Please, Please, Let Me Get What I Want en su computadora y sube el volumen para llamar la atención de Summer, pero ella solamente voltea muy brevemente y pasa de largo.

En la adaptación cinematográfica del libro Las Ventajas de ser Invisible (The Perks of Being a Wallflower, 2012), la canción Asleep es la favorita del personaje principal, Charlie, quien la escucha por primera vez en un mixtape del novio de su hermana y después la incluye en un cassette que le regala a su amigo Patrick. Este tema de The Smiths es recurrente a lo largo de la película cada vez que Charlie tiene momentos introspectivos o reflexivos.

En la cinta Transformers: Bumblebee (Bumblebee, 2018), ambientada en 1987, la protagonista Charlie Watson no sólo usa playeras de The Smiths, también escucha su música en un par de escenas. En una de ellas, al levantarse en la mañana, Charlie oye en su Walkman, Bigmouth Strikes Again mientras se lava los dientes y toca parte del tema en una batería de aire.

En otra parte del filme, Bumblebee está reproduciendo Take On Me de A-ha, y Charlie pone en el transformer el cassette del álbum Strangeways Here We Come de The Smiths y se empieza a reproducir el track Girlfriend In A Coma, pero Bumblebee lo expulsa para mostrar su desagrado. 


No obstante, en una escena posterior, el mismo Bumblebee reproduce parte de esa misma canción para mostrarle a Charlie su nuevo gusto por The Smiths y para hacerle saber que no quisiera que le ocurra nada malo: I would hate anything to happen to her.

Además de recomendar las películas y el libro mencionados, quisiera sugerir, especialmente a aquéllos que no conocen la música de The Smiths, los dos álbumes compilatorios recientemente reeditados (2026), Best…I y Best…II, originalmente lanzados en 1992 y que incluyen algunas de sus canciones más representativas.

martes, 30 de junio de 2026

1980s-1990s: El cine en las salas de cine

Si hoy los cines atraviesan por una crisis que los tienen al borde de la extinción, es en parte por la invasión de servicios de streamming como Netflix, HBO y otras decenas más. Pero no es menos cierto que la calidad de la mayoría de películas modernas no da ya para tomarse la molestia de hacer el gasto cada vez más ‘manchadito’ de entrada más palomitas y refresco.  

Aún así de pronto hay películas, como la reciente Michael (2026), que desempolvan el recuerdo de lo que era pasártela bien en el cine.


¿Y cómo era el cine en los 80 y 90?

En mi caso, el primero punto en la línea de tiempo se remonta al Cine Nezahualcóyotl , que casi estoy seguro de que estaba en avenida Texcoco. De niño ese cine me parecía imponente y pasaba muy a menudo frente a él, pues al parecer había un lote baldío que fungía como basurero y ahí llevábamos la nuestra cuando no pasaba el camión. ¡Uy, cuando existía espacio no construido en la periferia!

 

Recuerdo que los muros externos estaban tapizados de publicidad de ‘toquines’ de Polymarch y esas cosas. 

Al entrar a un cine ochentero comenzaba la experiencia sensorial. El olor a palomitas inundaba el vestíbulo y hacía salivar de inmediato. De vez en cuando los papás le daban gusto a mi antojo, y me compraban el típico sobre con pastillas de colores con forma redonda o de corazón. 

El olfato daba paso al tacto una vez que se entraba a las salas. La sensación de caminar sobre las gruesas alfombras era una novedad para mí; y luego la necesidad apoyarme en algún pasamanos para poder subir sin tropezar, ante la falta de luces, me hizo picarle el ojo a alguno que otro miembro del respetable. 

Interminables filas de asientos.

La vista se entretenía con los carteles que tapizaban el interior, con películas anteriormente exhibidas o por estrenarse, de las cuales las más que más me impactaban eran las del género favorito de la década: el terror con animales salvajes.

Me parece que no había asientos numerados, así que era cosa de encontrar algunos vacíos donde los hubiera, cosas que en aquellas salas de los 80, siendo tan enormes, no era difícil.

En el Cine Neza habré visto por lo menos dos o tres películas, Juegos Diabólicos ( Poltergeist , 1982) y alguna de los famosos hermanos Almada , se me ocurre Siete en la Mira (1984), pero pudo ser cualquier otra. Por el tipo de películas ya se ve que mis adultos asignados no tenían el mejor de los juicios .


La siguiente visita fue al Cine Latino (que no estaba en la Torre Latinoamericana , como yo creía). La película E. T. (1982) marca el año que conocí el fenómeno de la mercancía no oficial de venta a las afueras del cine. Aunque en realidad E.T. no era precisamente un personaje bonito de enseñar.

El cine,...

 
el cartel...

las figuras.

En la formación de mi gusto por pasar un buen rato en el cine, pasaron el Cine Lago en Neza, el Cine Naur en la Miguel Hidalgo y el Real Cinema en la Cuauhtémoc. Pero fue hasta mi primera visita al Palacio Chino que relacioné nombre con experiencia. Y es que muchos de aquellos cines extendían la magia a su identidad. 

El Cine Hawaii , en Avenida Pantitlán, incluía palmeras en sus decorados exteriores e interiores, y el Cine Lindavista , en la delegación Gustavo A. Madero, presumía unas torres estilo castillo Disney. El Opera , diseñado al estilo Art Decó, se ve más que elegante en las fotos de la época, y el Palacio Chino rebosaba de decoraciones alusivas a la cultura china. En este fantástico artículo se hace mención de varios cines de la Ciudad de México que parecían verdaderos palacios.

Quizá el tránsito a las dos cadenas principales de hoy haya comenzado con los Multicinemas o Cinemas Gemelos . Muchos cines ochenteros y noventeros tenían una sala única que exhibía diferentes películas en diferentes horarios. Las cadenas homologaron la imagen de los complejos, despojándolos de su identidad y originalidad visual, y redujeron la capacidad de las salas para ofrecer más películas simultáneamente.

Estos monopolios también desaparecieron la práctica de la permanencia voluntaria , que era quedarse en la misma sala a ver la siguiente película por el precio de un boleto. La primera vez que disfruté de esta oferta también fue la última, en la exhibición de Alien: La Resurrección ( Alien: Resurection , 1997) seguida de El Juez ( Judge Dredd , 1994). Ese cine se habrá convertido en algún otro negocio, al igual que el Cine Lago, en la misma avenida López Mateos.

Esto se lee en la lápida del difunto Cine Lago.

Otra práctica que desapareció (¿o me equivoco?) es la de la matiné, que consistía en reducir el costo de las entradas en las funciones de la mañana. 

Pero hay otras bajas que sufrió la cultura del cine en su transición al siglo XXI. Por ejemplo, los cortos publicitarios o trailers para televisión y para los videos Beta tenían narrador. Todavía hay fragmentos que recuerdo de Querida, encogí a los niños ( Honey, I Shrunk the Kids , 1989) y de Los Tres Fugitivos ( Three Fugitives , 1989). Lo triste es que aún no hay nada para dar fe de ello en la web .

 

Quizá lo más obvio desde un principio era mencionar que la cartelera de películas se podía consultar en los periódicos. 

A ver qué hay en el cine, este 3 de junio de 1987...

Pero lo que nadie parece recordar es una sección en Canal 5 que se transmitía a las 12:00 o 12:30 del día entre semana. Se llamaba Telecartelera Cinematográfica y me enteraba de ella cuando se daba la combinación de no asistir a la escuela y de que un adulto me dejara la tele encendida y sintonizada en ese canal. A veces ponían el trailer de las películas y después decían en qué cines se proyectaban; algo así como “Véala en Manacar, Latino y varios más”...

Seguramente hay más cosas que decir sobre la cultura de la salas de cine de hace 40 años. Tocará a los lectores de este blog ayudarnos a recordar.