Si hoy los cines atraviesan por una crisis que los tienen al borde de la extinción, es en parte por la invasión de servicios de streamming como Netflix, HBO y otras decenas más. Pero no es menos cierto que la calidad de la mayoría de películas mo dernas no da ya para tomarse la molestia de hacer el gasto cada vez más ‘manchadito’ de entrada más palomitas y refresco.
Aún así de pronto hay películas, como la reciente Michael (2026), que desempolvan el recuerdo de lo que era pasártela bien en el cine.
¿Y cómo era el cine en los 80 y 90?
En mi caso, el primero punto en la línea de tiempo se remonta al Cine Nezahualcóyotl , que casi estoy seguro de que estaba en avenida Te xcoco. De niño ese cine me parecía imponente y pasaba muy a menudo frente a él, pues al parecer había un lote baldío que fungía como basurero y ahí llevábamos la nuestra cuando no pasaba el camión. ¡Uy, cuando existía espacio no construido en la periferia!
Recuerdo que los muros externos estaban tapizados de publicidad de ‘toquines’ de Polymarch y esas cosas.
Al entrar a un cine ochentero comenzaba la experiencia sensorial. El olor a palomitas inundaba el vestíbulo y hacía salivar de inmediato. De vez en cuando los papás le daban gusto a mi antojo, y me compraban el típico sobre con pastillas de colores con forma redonda o de corazón.
El olfato daba paso al tacto una vez que se entraba a las salas. La sensación de caminar sobre las gruesas alfombras era una novedad para mí; y luego la necesidad apoyarme en algún pasamanos para poder subir sin tropezar, ante la falta de luces, me hizo picarle el ojo a alguno que otro miembro del respetable.
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| Interminables filas de asientos. |
La vista se entretenía con los carteles que tapizaban el interior, con películas anteriormente exhibidas o por estrenarse, de las cuales las más que más me impactaban eran las del género favorito de la década: el terror con animales salvajes.
Me parece que no había asientos numerados, así que era cosa de encontrar algunos vacíos donde los hubiera, cosas que en aquellas salas de los 80, siendo tan enormes, no era difícil.
En el Cine Neza habré visto por lo menos dos o tres películas, Juegos Diabólicos ( Poltergeist , 1982) y alguna de los famosos hermanos Almada , se me ocurre Siete en la Mira (1984), pero pudo ser cualquier otra. Por el tipo de películas ya se ve que mis adultos asignados no tenían el mejor de los juicios .
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La siguiente visita fue al Cine Latino (que no estaba en la T orre Latinoamericana , como yo creía). La película E. T. (1982) marca el año que conocí el fenómeno de la mercancía no oficial de venta a las afueras del cine. Aunque en realidad E.T. no era precisamente un personaje bonito de enseñar.
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| El cine,... |
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| el cartel... |
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| las figuras. |
En la formación de mi gusto por pasar un buen rato en el cine, pasaron el Cine Lago en Neza, el Cine Naur en la Miguel Hidalgo o y el Real Cinema en la Cuauhtémoc. Pero fue hasta mi primera visita al Palacio Chino que relacioné nombre con experiencia. Y es que muchos de aquellos cines extendían la magia a su identidad.
El Cine Hawaii , en Avenida Pantitlán, incluía palmeras en sus decorados exteriores e interiores, y el Cine Lindavista , en la delegación Gustavo A. Madero, presumía unas torres estilo castillo Disney. El Opera , diseñado al estilo Art Decó, se ve más que elegante en las fotos de la época, y el Palacio Chino rebosaba de decoraciones alusivas a la cultura china. En este fantástico artículo se hace mención de varios cines de la Ciudad de México que parecían verdaderos palacios.
Quizá el tránsito a las dos cadenas principales de hoy haya comenzado con los Multicinemas o Cinemas Gemelos . Muchos cines ochenteros y noventeros tenían una sala única que exhibía diferentes películas en diferentes horarios. Las cadenas homologaron la imagen de los complejos, despojándolos de su identidad y originalidad visual, y redujeron la capacidad de las salas para ofrecer más películas simultáneamente.
Estos monopolios también desaparecieron la práctica de la permanencia voluntaria , que era quedarse en la misma sala a ver la siguiente película por el precio de un boleto. La primera vez que disfruté de esta oferta también fue la última, en la exhibición de Alien: La Resurrección ( Alien: Resurection , 1997) seguida de El Juez ( Judge Dredd , 1994). Ese cine se habrá convertido en algún otro negocio, al igual que el Cine Lago, en la misma avenida López Mateos.
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| Esto se lee en la lápida del difunto Cine Lago. |
Otra práctica que desapareció (¿o me equivoco?) es la de la matiné, que consistía en reducir el costo de las entradas en las funciones de la mañana.
Pero hay otras bajas que sufrió la cultura del cine en su transición al siglo XXI. Por e jemplo, los cortos publicitarios o trailers para televisión y para los videos Beta tenían narrador. Todavía hay fragmentos que recuerdo de Querida, encogí a los niños ( Honey, I Shrunk the Kids , 1989) y de Los Tres Fugitivos ( Three Fugitives , 1989). Lo triste es que aún no hay nada para dar fe de ello en la web .
Quizá lo más obvio desde un principio era mencionar que la cartelera de películas se podía consultar en los periódicos.
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| A ver qué hay en el cine, este 3 de junio de 1987... |
Pero lo que nadie parece recordar es una sección en Canal 5 que se transmitía a las 12:00 o 12:30 del día entre semana. Se llamaba Telecartelera Cinematográfica y me enteraba de ella cuando se daba la combinación de no asistir a la escuela y de que un adulto me dejara la tele encendida y sintonizada en ese canal. A veces ponían el trailer de las películas y después decían en qué cines se proyectaban; algo así como “Véala en Manacar, Latino y varios más”...
Seguramente hay más cosas que decir sobre la cultura de la salas de cine de hace 40 años. Tocará a los lectores de este blog ayudarnos a recordar.
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