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sábado, 11 de marzo de 2023

1980s-90s: Pepsi en la cultura de los 80s y 90s

Hablar de una marca de refrescos parece de entrada algo superfluo, pero la verdad es que la presencia de las poderosas corporaciones de la industria "alimentaria" va más allá de su lugar en el mercado. Algunas de estas marcas son parte, quizá más para mal que para bien,  de nuestra vida, y como tales, generan recuerdos que inevitablemente nos llevan de vuelta al pasado.

La Pepsi, que todavía alcancé a conocer como Pepsi-Cola, dejó una cauda de recuerdos en mi CPU por sus efectivas campañas publicitarias y las consecuentes andanzas de quienes nos quedábamos enganchados a ellas.

Quizá la historia comience con el comercial más antiguo que se me grabó, en donde el futuro Carlton (Alfonso Ribeiro) llega a una tienda por unos chescos y que se encuentra a Michael Jackson.

Estamos hablando de quizá el momento cúspide en la carrera de MJ y justo cuando las rolas del album Thriller (1982) dominaban la radio y hacian historia en el gusto de las masas. Escuchar la tonada de Billy Jean en un comercial de TV una y otra vez era una oportunidad de seguir disfrutando uno de los triunfos más celebrados de la historia de la música.


A lo largo de los ochenta y noventa otros famosos formaron parte del batallon de estrellas pop con que la Pepsi le daba una excelente batalla a la Droga-Cola. Quiza el primero del los que más recuerdo (después de MJ) sea Robert Palmer para la campaña Simply Irresistible, en donde Pespi lanzó un comercial al mismo estilo del video oficial del éxito de Palmer Simply Irresistible, de 1988. 

Honestamente creo que el video de la Pepsi, aunque corto, superó al original. 

No puedo asegurarlo, pero casi creo que esta campaña de Pepsi incluía material publicitario con arte pop que me encantaron pero que no logro encontrar en la red: es el dibujo del rostro de una mujer con gafas oscuras bebiendo Diet Pepsi con un popote. El estilo era simplista, blanco y negro con la excepción de los labios, que eran de un rojo intenso que hacía un fantástico contraste. 

Esto es lo más parecido a ese anuncio de la campaña.

Pues resulta que tanto los dos videos de Robert Palmer (Addicted to Love [1986] y Simply Irresistible [1988]), como luego la campaña Simply Irresistible de Pepsi, se basaban ampliamente en el estilo artístico de un tal Patrick Nagel, quien para más señas dibujó el cover del album Rio, de Duran Duran.

Patrick Nagel: Un arte muy ochentero.


Como ven una sola campaña de Pepsi ya involucraba a un par de genios del mundo artístico.

Después vinieron una serie de comerciales en los que las estrella invitada era Michael J. Fox, quien ya era ultra reconocido por la trilogía Volver al Futuro (1985-1990).  No recuerdo mucho de ellos más que eran más bien cómicos, y sí que me impresionaba fácil cuando algún famoso de pronto salía como el rostro de una marca. Una de las características de los comerciales de estas campañas era que contaban una historia, así que normalmente había una versión larga.



 

Es extraño que con los comerciales M J. Fox recuerdo también alguno en donde el invitado es un xenomorfo quien persigue a un par de chamacos noventeros. Claramente el recuerdo asociado a este campaña es la película Alien 3 (1992), en una época en que aún no tenía autonomía para salir al cine por mi cuenta.


Y el último comercial que me gusta recordar es el del famoso mosquito-Jagger de la campaña Generation Next. Ya rebasada la primera mitad de los 90, la animación 3D se apoderaba de los anuncios publicitarios, y en este, un mosquito chupa-sodas se transforma en Mick Jagger, o más bien, en la boca de Mick Jagger, para luego proceder a entonar Brown Sugar. Aunque en el comercial la estrella invitada es Ricky Martin, el mosquito se lleva las palmas.

No puedo decir que fue este comercial el que se encargó de ponerle más atención a The Rolling Stones, pero sí estoy seguro que me despertó un aprecio por su canción Brown Sugar.

De seguro recordaré algún otro comercial relevante, pero además de los comerciales, la Pepsi tuvo promociones bastante exitosas adquiriendo licencias de algunos de los personajes de caricatura más estimados de nuestra generación. Una de las que recuerdo más entrañablemente debe haber llegado en el cierre de los 80 e incios de los 90. La Pepsi incia la epoca de los vasos con  Snoopy. Esta campaña era particularmente atractiva porque las corcholatas de los refrescos de la compañía venían adornadas con los personajes de la popular historieta. 

¡Chidísimas corcholatas!

Si la corcholatas ya de por sí destacaban, qué puedo decir de los vasos: mi mero mole. 

 

¡Y los vasos otro tanto!

Y es que además el ánimo de conservar corcholatas y vasos se multiplicaba, ya que por esos días se transmitía por Canal 5 la serie El Show de Charlie Brown y Snoopy que nos tenía encantados a mis hermanos y a mí. Si bien la serie merece una entrada aparte, una de las asociaciones más inevitables al recordar la campaña de la Pepsi es la del excelente tema musical del programa, compuesto por Desirée Goyette.

Unos vasos similares conmemoraban el estreno de alguna de las películas de Batman de Tim Burton, aunque no estoy seguro si fue la primera o la segunda. 

 

Si algún recuerdo activan estos vasos es de toda la cultura pop que se desató con la fuera quizá la primera película de superhéroes que me tomé en serio: las canciones en inglés (y español) que se programaban en la radio y los videojuegos, por ejemplo.

 

De cuando me encerraba en las máquinitas.

Otro campaña con este modelo de vaso llegó con el tour Dangerous, de Michael Jackson, cuyo album homónimo, si bien no tan avasallador como Thriller, había dado pie a un par de excelentes videos musicales. Estos vasos, al igual que los de Batman, no son particularmente destacables, pero su iconografía nos remite a quizá el último gran album de Michael Jackson.

Cambiabas esto...

...por esto.

Después de estos vasos tradicionales llegó el reino de los Pepsilindros, que se volvieron simplemente parte de la vida cotidiana durante años. Ignoro cuáles fueron las primeras licencias con las que se adornaban estos vasos con tapa y popote (y tapa para el popote), pero entre ellas se estaban los Looney Toons y Los Picapiedra

De estas sí que no me acordaba...

 
...¡pero estos son INOLVIDABLES!

Yo creo que no existe nadie de nuestra generación que no haya tenido un Pespsilindro, pues los niños en la escuela y los adultos, en donde fuera que estuvieran, tenían a la mano sus bebidas en estos cacharros. 

Con ustedes, el porta pepsilindro.

De hecho, si no querías juntar las corcholatas para canjearlas por tus vasos o de plano no los encontrabas ya en las tiendas, sobraban puestos de tianguis donde se podían conseguir.

Y justamente termino con la cultura de juntar corcholatas hasta en la calle para canjearlas por el producto Pepsi de moda. El último empujón en el que caí redondo fueron las populares Pepsi Cards, que ya mencione an alguna entrada. 

Y cómo no recordar esas peregrinaciones en la que salía entusiasmado con los compas de la escuela a buscar tiendas donde todavía quedaran sobres. Los tenderos de aquellos entonces crearon una nueva regla: no cambiar sobres a los no clientes del barrio. 

En retrospectiva, la calidad no justificaba las peregrinaciones.

Esta entrada podría ser kilométricamente más larga, pero creo que se prueba el punto de que hasta los productos más dañinos para la salud nos regalan excusas para hablar de la vida en las décadas de los 80s y 90s.

domingo, 15 de enero de 2023

1997: Redescubriendo U2

Por JC.


La película Sing 2 provocó que desempolvara mis discos de U2, y que comprara un par más que siempre había querido. En esta cinta animada, el personaje Clay Calloway es interpretado por Bono, líder y cantante de U2. Y como era de esperarse, aparecen tres canciones clásicas del grupo: Stuck In A Moment You Can’t Get Out Of, Where The Streets Have No Name, y I Still Haven’t Found What I’m Looking For, más un nuevo tema compuesto expresamente para el filme: Your Song Saved My Life



Las primeras tres canciones fueron suficientes para hacerme corear y recordar que en realidad U2 me gusta más de lo que creía.

Aunque la historia de U2 inicia a principios de la década de los 80, yo conocí al grupo (al menos conscientemente) a finales de los 90 cuando lanzaron su disco Pop en 1997. 

El primer sencillo del álbum, Discothèque, lo escuché en Radio Activo 98.5 en el programa vespertino del entonces muy popular conductor Olallo Rubio, quien lo estrenó y reprodujo una y otra vez durante toda su transmisión. 



En retrospectiva, en realidad no estoy completamente seguro si fue la payola o mi gusto genuino por esta canción que me llevaron a comprar el CD del sencillo; no pude adquirir el álbum completo debido a que era muy caro para mí en ese momento. Semanas más tarde salió el segundo sencillo, Staring At The Sun, el cual también me gustaba, pero como el disco Pop nunca bajó de precio, nunca lo pude tener. Muchos años después lo compré y, tanto Discothèque como Staring At The Sun me gustaron tanto o más que antes.


En México, la popularidad de U2 aumentó cuando se anunció la venida de su PopMart Tour a nuestro país para promocionar su disco Pop. Este hecho no parecería ser tan relevante hoy en día puesto que todas las bandas y cantantes internacionales visitan México de manera constante; sin embargo, en 1997, era un suceso extraordinario, ya que no era común que producciones tan grandes y tan costosas como las de U2 se presentaran en tierra azteca. 

Por si esto fuera poco, cuando se dio a conocer que el concierto del Foro Sol sería grabado para su posterior salida en video (VHS y Video CD), el interés popular el grupo aumentó exponencialmente.

En ese tiempo, estudiaba inglés en Harmon Hall, y en mi salón había un par de fanáticos del grupo, quienes comentaron lo caro que eran los boletos para el concierto y resaltaron que con el dinero para comprar un boleto de la mejor zona podrían conseguir la discografía completa de la banda y mucho más. A pesar de todo, uno de ellos sí asistió al concierto y nos contó lo grandioso que había sido. Su anécdota más memorable fue que cuando empezó a escuchar los primeros acordes de One, por alguna razón, comenzó a llorar, y al voltear a ver a la gente a su alrededor, se percató de que la mayoría de ellos también estaban llorando.


A finales de 1997 y principios de 1998, la moda de U2 invadió Harmon Hall, pues tanto profesores como alumnos preparaban hojas de ejercicios con canciones de la banda para trabajarlas en clase: mis favoritas fueron Mysterious Ways y One, y desde entonces, de alguna u otra forma, U2 siempre han estado presentes en mi memoria musical.

Al transcurrir los años, noté que me gustaban numerosas canciones del grupo, por lo que, además de mi sencillo de Discothèque y mi álbum Pop, decidí buscar algún disco compilatorio. Encontré 18 Singles, el cual es una gran compilación para adentrarse en sus mejores y más populares sencillos, desde su álbum War de 1983 con temas como New Year’s Day y Sunday Bloody Sunday, hasta el disco How To Dismantle An Atomic Bomb de 2004, del que se incluyen Vertigo y Sometimes You Can’t Make It On Your Own.

Sing 2 fue el pretexto perfecto para adquirir los dos discos recopilatorios que siempre había tenido la intención de comprar: The Best Of 1980-1990 y The Best Of 1990-2000

Estas colecciones son más completas que 18 Singles porque contienen, además de los éxitos que todos conocemos como: With Or Without You, Desire, Beautiful Day y One, otros temas notables como: I Will Follow, primer sencillo de toda su carrera, tomado de su álbum debut Boy; Hold Me, Thrill Me, Kiss Me Kill Me, lanzado como sencillo del icónico soundtrack de Batman Forever; y Miss Sarajevo, único sencillo del álbum que U2 y Brian Eno grabaron juntos bajo el seudónimo de Passengers


La única parte negativa de estas compilaciones, en particular de The Best Of 1990-2000, es que las canciones de Pop y Zooropa (excepto Stay (Faraway, So Close)) no son las versiones originales contenidas en los álbumes, sino remixes hechos por Mike Hedges especialmente para este disco.


En el futuro, me gustaría empezar a explorar cada uno de los álbumes de estudio de U2 pues, a veces, sólo nos limitamos a escuchar los sencillos de una banda, y nos perdemos de todo el catálogo discográfico completo que, normalmente, posee un sinfín de buenas canciones que no nos damos el tiempo de escuchar, llegar a conocer y disfrutar.

sábado, 31 de diciembre de 2022

 1980s: Parchís

¡Las fichas!

Toca recuerdo musical y esta vez va para ese grupo de chavales españoles que dominaron los tempranos ochenta en Latinoamérica. Parchís es una banda formada en 1979, seguramente para entrarle al negocio de la explotación infantil (opinión muy personal) al estilo Jackson Five


El recuerdo más lejano que tengo de Parchís es un anuncio de la película La Guerra de los Niños (1980). 

 

Como es lógico, la memoria es en blanco y negro, pero creo que en el momento se me figuró que la peli sería trágica. Luego ya se fueron dando encuentros radiales con la banda de chamacos españoles, pero quizá la primera vez que los conocí en persona fue a través de la tele, en un programa especial en el que los emparejaron con la incipiente calca nacional llamada Timbiriche.

Una versión nacional, por qué no.
 

Los que ambos grupos aparecen en un concierto para TV presentado por el Cachún ‘Lenguardo’, 

 

lo que yo recuerdo es un especial en donde hay interacción entre los miembros de ambos grupos. Aparentemente dicho programa se llamó El Convivio (1982). ¿O será lo mismo?

 


Aunque mi cabeza estaba prejuiciada por lo que entonces veía en primaria con el tema de la conquista, desde entonces prefería a Parchís. Y es que, aunque no todos los miembros tenían precisamente las mejores voces, tenían la ventaja de no tener una Paulina Rubio. 

Aquí la Pau cantando a capela.

Y todavía antes de que me obsesionara con sus canciones, recuerdo vagamente haber visto en casa o en algún puesto de periódicos una historieta de ellos. 

Me suena, me suena...

Poco después, quizá ya como lector de Karmatrón, me enteré de que había sido el mismo Oscar González Loyo el encargado de esa serie.

 

¡Claro, Karmatrón!

Algunos años después, cuando la banda ya casi iba de salida, llegaron los discos. 


Y qué bueno que tuve el gusto de conocer por lo menos dos de ellos. De 1980, el disco Parchís fue el primero en llegar a México y tiene una selección de canciones fantástica, donde destaco 

Los Cinco


Hooray Hooray, cover de Hooray! Hooray! It’s a Holi-Holiday!, de Boney M.


y Cantando Aventuras, donde te enteras por primera vez de que en otras partes del mundo también ven caricaturas.


Y de 1981, el disco Hola Amigos, que por ser una selección de canciones tomadas de La Guerra de los Niños
 
 
tiene algunas de las canciones más sentimentales, como Ayúdale


y Querido Profesor

Además de tres de las más movidas, Hola Amigos

Twist del Colegio

y Fin de Curso
 


Pero además de la radio me quedaron sonando por mucho tiempo Ganador, que tocaba en mi walkman imaginario cuando la energía daba para correr sólo porque sí,


Y Corazón de Plomo, que me sonaba más bien tristona.


Con Parchís pasó a la inversa que con Timbiriche. Lo mejor de la banda se quedó en sus inicios. Oficialmente, la banda se disolvió en 1992, aunque para entonces ya no los recordaba.  Al parecer los integrantes no siguieron la carrera del espectáculo, salvo pequeñas excepciones, aunque hoy explotan (por qué no) aquella merecida fama de los ochenta en reencuentros y conciertos para los nostálgicos.

Estoy seguro que los amigos del Miniso preferirían mil veces cualquiera de estas canciones al fastidioso loop de Mi Corazón Hace Tik Tok.

jueves, 22 de diciembre de 2022

1990s: Street Fighter Alpha

Vamos encaminados al décimo aniversario de este humilde blog y le dedico una revisión en un tono más positivo a CAPCOM, que en plena lucha con SNK por dominar en el género de peleas inundó el mercado noventero con muchos proyectos bastante rescatables, pero que, con la fuerte competencia que se abría ya no sólo al sistema NEO-GEO, sino también a destacados contendientes como Midway, Takara y Namco, pasaron con menos gloria por los locales maquineros.

Comenzamos con la eterna carta fuerte de CAPCOM. En 1995 la compañía inicia una nueva saga que, si bien no pervive hasta hoy, sí fue un punto de partida convincente para regresar a los orígenes. Street Fighter Alpha (1995), Street Fighter Alpha 2 (1996) fueron juegos que no crearon nada nuevo pues el género hasta entonces ya estaba más que definido con las creaciones de SNK y ADK

Los primeros dos juegos de esta saga presumían un diseño de personajes y una jugabilidad de primera con una ‘nueva’ generación de peleadores que rescataba a viejos conocidos del primer Street Fighter, como Birdie, Adon y Gen, a personajes insignia de la saga Final Fight, como Guy, Sodom y Rolento, e introducía a algunos (no muchos) personajes nuevos, como Rose, Charly y Sakura

Escenarios decentes

Sin embargo, los jefes volvían a ser los mismos ya rebasados Bison y Akuma.

'Nuevas' caras
'Viejos' conocidos

En 1998 se cierra la trilogía Alpha y con ella se va al traste la idea de ser precuela del Street Fighter II, pues se integran prácticamente todos los personajes del clásico. El roster es el más extenso: 29 contando variaciones de los personajes seleccionables y cuatro nuevos, Mika, Karin, Juli y Juni. La movilidad seguía siendo excelente, así como los gráficos, que si bien no variaban mucho respecto a las dos entregas anteriores, seguían siendo un elemento destacado. Sin embargo, este juego carecía de modo historia y el final era prácticamente el mismo para todos los personajes.

 

 

 

¿Más clones?

El Street Fighter Alpha lo vi poco en las ‘maquinitas’, y no fue sino hasta que algún antiguo camarada de secundaria me prestó su Sega Saturn con este juego que pude conocerlo a profundidad. Más allá de eso no tengo mucho que decir, me parecía que los personajes se movían con lentitud en contraste con lo que ya entonces hacían los juegos de NEO-GEO.

Terrible arte.


Street Alpha 2 es el que más jugué de la saga, principalmente porque, en un movimiento totalmente inesperado, CAPCOM lanzó una versión para la veterena Super Nintendo en 1996 y el Chacal y su servilleta lo explotamos en épicas batallas que duraban todo el día. Y realmente me resultaba un juego muy redondo en esa consola por tres de las mecánicas que, si bien copiadas de los mejores juegos de SNK y ADK, resultaban fáciles de aplicar a la vez que útiles.

Alpha counter. Un sistema muy útil para anular un ataque y contraatacar sacrificando una barra de poder. 

Fall breaking. Con este comando el personaje se incorporaba de inmediato después de ser derribado.


Custom combo. El custom combo se activa la habilidad de encadenar varios golpes a manera de combo que no puede ser detenidos mientras dura la barra de energía correspondiente. En realidad, la utilidad de este combo especial se explota mejor en la versión de Super Nintendo, ya que, por sus limitaciones técnicas, la barra del custom combo duraba un poco más y eso permitía encadenar con mucha facilidad particularmente los proyectiles de Ryu, Ken, Charlie y Chun Li.

Un dato curioso del que enteré mucho después es que el personaje Dan, introducido en SFA 2, es una parodia dedicada a Ryo y Robert del Art of Fighting de SNK. Se supone que es una crítica por que estos personajes son un plagio de Ryu y Ken, pero todos los SNK fans sabemos que fue más bien por celos.

El look de Robert en el karategi de Ryo = Dan

El SFA3 ya lo jugué en su puerto para la Playstation sólo por jugarlo. Había realmente poco incentivo pues no había una historia en arte pixel que te esperara al acabar el juego. 


Tiempo después lo jugué para Gameboy Advance y para PSP. Este último juego de la saga es el que más versiones ha tenido, quizá por su amplio roster, mismo que con cada puerto se incrementaba, de manera tal que los 29 del juego original terminaban siendo 39 en algunas versiones.

El roster definitivo de SFA3

En retrospectiva, las tres entregas de SFA le dieron nueva vida al envejecido clásico, por lo menos para no morir durante el reinado de NEO-GEO. Si bien no aportaron nada nuevo al género, por lo menos ofrecían una excelente jugabilidad que se pulió con cada entrega. En definitiva SFA es una saga que hay que visitar de vez en cuando.