lunes, 22 de junio de 2020

1993-1996: Los Caballeros del Zodiaco (Saint Seiya)

Una contribución de Seika

Allá en la friolera de los años 1993-1996, el anime Saint Seiya (1986-1989), que aquí se llamó Caballeros del Zodiaco, fue una serie que tuvo un impacto muy profundo en mi adolescencia.
Cuando tenía entre 15 y 18 años (no hace mucho, ni hagan cuentas), la serie se convirtió en mi principal fuente de entretenimiento, pero también era como una novela, con tantas muertes y escenas tristes, pero al mismo tiempo era una historia diferente, épica, y el doblaje en español mexicano le daba mucha vitalidad a los personajes. 

Si recuerdan al gran Jesús Barrero, quien daba la voz a Seiya, sabrán que hablo del doblaje más épico de la historia del anime. 

Creo que fue la primera vez que lloré con una serie animada. Los personajes eran fuertes, con habilidades sobrehumanas, pero al mismo tiempo eran personas normales, con conflictos humanos, con emociones, y creo que por eso muchos fans nos hemos sentido identificados con ellos. Además, las referencias a la mitología griega, al menos para mí, siempre fueron muy interesantes y me motivaron a leer sobre el tema. 

No anunciaba Pantene porque el Gran Maestro lo traía cortito.
Personalmente yo era fan de Shiryu, el Dragón, entre otras cosas, por la cabellera que se cargaba el cuate.

En aquella época, no teníamos el acceso a las plataformas de streaming, así que veía la serie en el rupestre medio de la televisión. Sin embargo, no estábamos tan atrasados en cuanto a aparatos, y teníamos una videocasetera de VHS. Junté unos centavos y pude comprar varias cintas vírgenes, donde pasé horas grabando los episodios de Saint Seiya, brincándome los comerciales (los de la generación Z no saben lo que es estar pausando a cada rato un programa para que quedara sin anuncios… me cae que eso era tener paciencia), para que pasaran a la posteridad. Sí, no tenía idea de lo que el futuro traería a la televisión (sí, me refiero a Netflix, pues). 

¡El ritual de los 90!
Momentos tristes estilo Dragón.
A pesar de que era una friega de tiempo y dinero tratar de grabar los episodios, me divertía mucho, pues pude escuchar una y otra vez los diálogos que me emocionaban, me conmovían, me animaban, me metían en la textura de la trama, y también la música, que es de las más hermosas que he escuchado en una serie. 

La música de Seint Seiya es distintiva, es mucho más que una música de fondo, pues acompaña de manera sublime lo que está pasando en la animación. No por nada se formó una orquesta solamente para crear y ejecutar la música de la serie (quiobo). 

El compositor Seiji Yokoyama fue el creador de esa música, y millones de fans le agradecemos su contribución, que sigue sonando actualmente con tributos y con repeticiones de la serie en internet. Para que se den un quemón, les dejo un video de 2018, y los reto a que no lloren al escucharlo.

   
Obviamente, la mercancía de Saint Seiya que pudiera encontrar pasaba a mi colección: tazos, tarjetas, pósters, ¡los discos de la música de fondo!, etc., cosas que actualmente se pueden conseguir con relativa facilidad.

En aquellos años de preparatoria, me regalaron algunos dibujos muy hermosos de los personajes, que todavía conservo. Y ya cuando estaba en mis veintes, tuve la oportunidad de ir a Japón, donde me regalaron una figura de Shiryu y compré unas tarjetas de Saint Seiya en Akihabara. 

Qué tiempos aquellos, de verdad. Además, en los últimos años, mi gemelo malvado me ha regalado dos libros sobre Saint Seiya, todos publicados después del año 2009, lo que demuestra que la popularidad de la serie no ha disminuido.

Saint Seiya: Un universo por descubrir

Algo que hoy mismo desempolvé (literalmente) fue mi “transcripción” de la serie. Resulta que mi mejor amigo de la preparatoria también era fan de la serie, pero su mamá no lo dejaba verla (le parecía demasiado violenta), y como una servilleta había aprendido a mecanografiar desde los 12 años, pues me aventé a escribir un resumen de cada capítulo para que mi cuate pudiera al menos leer el resumen de lo que pasaba …. Y terminé con un tabique enorme que describía desde el Torneo Galáctico hasta la saga de Poseidón. Por alguna razón me quedé con esas hojas, supongo que mi amigo no hubiera querido que su mamá las encontrara. Aquí incluyo foto de la “portada” y se puede ver el grosor de mi opus magnum.


Por otro lado, cuando era estudiante de licenciatura, se me ocurrió usar la música de Saint Seiya para un proyecto: Mi idea era comparar la música de esa serie con la de Ranma Nibunnoichi (otro anime que me gustaba mucho, pero no me causaba la fascinación de Saint Seiya) para identificar cuál evocaba más emociones. El resultado, obviamente, fue que Saint Seiya podía asociar con mayor profundidad sentimientos y evocaciones de situaciones conmovedoras, pero también transmitía emoción, o era fácil imaginar una escena de pelea, o una triste, o una situación donde los involucrados sentían miedo, etc., al escuchar la música. Con decirles que a mi padre, que en aquella época ya tenía casi 80 años, le gustaba la música de Saint Seiya. Es decir, esas tonadas hasta trascendían generaciones.


Hace unos días comencé a ver la serie de nuevo. Ha pasado mucho tiempo, pero al menos la música y algunos capítulos en particular me hacen recordar una época en la que estaba con los nervios de saber qué iba a pasar en el siguiente episodio, y aunque es una emoción que ya ha desaparecido, el disfrute al ver la serie sigue siendo el mismo.

Y como nota final: La serie original de Saint
Seiya es la neta del planeta. No recomiendo mucho la versión nueva que está en Netflix
. La animación está muy padre, sí… pero sólo eso. Igual y se dieron cuenta de algo, porque después reestrenaron la serie original. Esa sí la recomiendo ampliamente.


Para cerrar, les comparto una  lista de la memorabilia que reuní en los años 90.

Las tarjetas Pákatelas

Además de la merchandise que mencioné, las galletas Gamesa sacaron, creo que por ahí de 1994, una colección de tarjetitas llamadas Pákatelas. Eran más pequeñas que las tarjetas normales, pero estaban muy bien hechas. Algunas tenían acabados lenticulares, otras eran "PakatePops", es decir, tenían recortado el contorno para que resaltaran de la tarjetita, y todas tenían una imagen de algún personaje o alguna escena de la serie. Resulta que acabo de encontrar un montoncito de esas tarjetitas en una carpeta olvidada casi 30 años.



Tarjetas coleccionables

Recuerdo que cuando estaba en la preparatoria iba a la Ciudadela a comprar cosas de Saint Seiya, y también de Ranma, y conseguí bastantes. Hay algunas que creo que son españolas, por lo que recuerdo, y otras que vendían en sobrecitos de cinco piezas.





Discos (piratas) de la música de la serie

También en la Ciudadela, en varias de mis vueltas, compré prácticamente todos los discos con la música de la serie.

Tazos

Allá por 1993-1995, Sabritas lanzó una colección de tazos. Algunos tenían un chipotito en medio que a veces arruinaba un poco la imagen, pero estaban muy bien hechos.


Recortes de periódico

Pues resulta que en 1995 se estrenó la tercera película de Saint Seiya, por lo que supongo que en 1993 se estrenó la primera. También están los recortes que saqué de cuando salían imágenes alusivas a Saint Seiya en la programación de la televisión. Para la generación Z, les cuento que antes la gente consultaba el periódico para ver los horarios de los programas. Nada que ver con el streaming, con el que ahora uno puede ver casi lo que quiera en el momento que quiera.



Stickers (chafitas)

En mi último año de secundaria, en 1993, al salir de la escuela compraba algunas estampitas de la serie, con colores y diseños que nomás asemejaban a la obra original (¿Ven la que dice “Piscis”? O sea, nada que ver), pero se veían bonitas en los cuadernos.



Tarjetas de juego de mesa

Como mencioné, son las que compré en Akihabara.  Ahora sí que Yu-Gi-Oh puede hacerse tantito a un lado, porque Saint Seiya es la neta. No lo digo yo, lo dice la ciencia.


Los dibujos

Como pueden ver, la persona que me los regaló tiene harto talento. Son muy coloridos, y bastante fieles al original. Si la estimada amiga que me los dio ve esto, comprobará que ya han pasado casi 30 años y todavía los conservo.



 

lunes, 15 de junio de 2020

1980s-1990s: Guitarra Fácil y el Álbum de Oro


Y en un tono menos cursi, qué tal si hablamos de esa revista que habrá estado en cada casa en México durante los 80s y 90s. Guitarra Fácil es una revista que parecía una buena forma de iniciarse en eso de darle a la guitarrita.

Mi hermano mayor es el que introdujo estas revistas en casa durante su adolescencia. Recuerdo varios números, algunos de los Beatles, uno de John Lennon, una serie de tres ejemplares de rock de los 60 en español que aún conservamos junto con un ejemplar, ya sin las hojas de portada,  de  canciones de José María Napoleón. Seguramente habrá habido otros que no recuerdo.

La tal revista siempre iniciaba con una descripción de su método de autoaprendizaje, la terminología del contacto de manos y guitarra, ejemplos de rasgueos, etc. 

 Incluso te daba sugerencias para afinar la guitarra, entre ellas, la de comprar un afinador. Dicho aparatito también lo tuvo mi hermano, y yo estuve a cargo de darle matarili.

Una víctima más del 'niño manos de lumbre'.
Y claro, también incluía las letras de canciones.


Eventualmente yo heredé una guitarra chafona y las revistas de mi hermano, que no logró mucho con ellas. Obviamente yo tenía que intentarlo y de igual manera fracasé. Creo que esto de la música no se nos dio mucho. 
Aunque no todo fue en vano. Ya entrados los 90 me encontré, no sé cómo, con otra revista para entusiastas de la guitarra. No estoy netamente seguro que esa revista se haya llamado Album de Oro, pero el logo me suena.

El caso es que esta otra revista me hizo más fácil reconocer lo que tocaba pues su enfoque era en la tonada de las canciones y no el ritmo. Si bien no conservo ninguna de esas revistas, estoy casi seguro que le habré sacado uno que otro sonido familiar, por ejemplo, las primeras pisadas de Afuera, de Caifanes; o las primeras pisadas de Day Tripper, de The Beatles.
Con el tiempo he compensado un poco mis limitaciones con la guitarra dándole duro al Guitar Hero y al Rock Band, pero ya regresaré una vez más a intentar aprender a guitar la tocarra.
Y sí, compensa.
Bueno, los logros fueron muy escasos, pero imagino que habrá a quien le funcionaran mejor estas revistas. Seguramente a quienes ya tenían cierto dominio de la lira. Queda la experiencia, y una aspiración todavía por cumplir nacida en mis 80s.